Amable

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Amable Arias, impurezas

"La pintura ha tenido un proceso de depuración y ha ido dejando a un lado las toxinas. Al reducirse se ha purificado, pero también se ha hecho más exclusivista, por tanto, más pobre.

La pintura de Mondrian llega tan a tamizarse, tan a quitar substratos plásticos y humanos que queda en blanco y en vacío. Esto es muy importante, aunque sea una pintura demasiado desnadada por quedarse demasiado cerca de lo científico. En realidad, no creo se deba ir tan al margen de la riqueza humana. Entre estos tamices hay mucha arena y mucho polvo, también tierra, pero no hay que olvidar las arenitas que surgen en las yemas de los dedos. Esto es tan importante como lo otro.”
(“Amable Arias”, C. Alonso-Pimentel, Ed. Universidad de Deusto, pág. 76)


Son palabras de Amable traídas a mi memoria por estas obras, tan matéricas, de 1962, realizadas con materiales de las minas: minio y una mezcla de óleo con islan –detritus de carbón-. Esos elementos de las minas, y es que Bembibre, su pueblo natal, pertenece a la zona minera del Bierzo, tan telúricos, tan orgánicos, nos acercan a nosotros mismos como substancias compartidas.


Los cuadros los pinta en Casa Bodelón, un local que le dejan en Bembibre. El soporte es cartón de cajas, en una se lee: “Famosa” -una muñeca-.


Pero estas obras están muy lejos del llamado arte povero que es, o era, un movimiento artístico buscando la estética de lo pobre. Aquí es a la inversa, lo povero viene dado por la propia escasez de medios. Y, sin embargo, nos admiramos de su belleza plástica que nos deja patente una vez más, aquello de que lo más simple, lo más pobre, lo más cotidiano en Amable era su mejor material creativo. Hay un poema de Amable que dice:
“La pobreza. Cuán lejos de ese arte pobre aprendido
y que se vende como cara mercancía.”


Pero Amable necesitaba caminos y bifurcaciones, y por eso considero oportuno incluir esta última página que nos muestra obra sonora, fonética. Amable en 1981 graba en las antiguas casetes los Espacios poéticos (38) y los Poemas fonéticos (36). Se podría decir que son unas performances con público posteriorizado, es decir, las graba en soledad -aunque yo tomé parte en muchas de ellas-, y el público podrá escucharlas en exposiciones venideras, más allá de aquel momento. El poema que figura aquí pertenece a los Espacios poéticos, está incompleto pues a la voz de Amable diciendo: ¡A ver cómo come el nene! una cucharadita por…”, respondo yo leyendo el nombre del siguiente autor, por orden alfabético, de su biblioteca. El poema es extenso, tiene una duración de 19 minutos largos. Se expuso sonoramente en el Musac de León el pasado mes de abril/mayo, junto a la biblioteca, una obra en sí misma por ser soporte de más de 2.400 dibujos.                          (Maru Rizo, Donostia, 22/09/2017)

 

 

 

 

 

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